miércoles, 29 de febrero de 2012

Pasaje Las Begonias



Hacía como cinco días que no iba por el bar. Pero aquella tarde me acerqué. No tanto por la necesidad de la charla amena, la confraternidad –fernet de por medio– a la hora cuando la tarde empieza a convertirse, mágicamente, en noche. No. Lo que me llevaba esa tarde al bar era aquella imperiosa necesidad de charlar con Roberto.
      El bar, como todo el mundo sabe, tiene dos entradas. La que da a la cortada y la que da a la avenida. Una cortada ¿cómo explicarla? Ni muy importante, ni muy escondida, pero bien conocida en todo el barrio. Era donde los chicos del secundario se citaban para los duelos a trompadas por alguna cuestión, nunca muy aclarada, pero que había abierto heridas en el amor propio. "¡Te espero en la cortada!", era la forma de anunciar el “arrojo de guantes”. También practicaba ahí, la comparsa más importante de los carnavales del barrio, y sobre todo, donde vivía Doña Herminia, la dueña del bar. Era conocida por todos como “la cortada”, pero, pese a que tenía un par de carteles bien legibles identificándola: Pasaje Las Begonias, nadie hacía uso de su nombre. Era simplemente la cortada. La avenida, por el contrario, era el alma del barrio. Pasaban por ahí las dos líneas de colectivo que se dirigían al centro y a la zona del puerto, donde también se encontraba la terminal de micros. Y en esa esquina, estaba nuestro bar, y nuestra mesa, que se encontraba justo en el rincón, con visión hacia las dos entradas.
      Al entrar al bar aquella tarde me pareció como si nadie esperase mi llegada. El código que generalmente imperaba, era que una ausencia mayor de tres días sin aviso, se considerase como un afrenta a la amistad sin causa justificada. Y eso sentí, cuando me acerqué a la mesa sin que nadie diese vuelta el rostro para saludarme y sin el mínimo gesto de bienvenida. De todos modos, esta indiferencia permitió que nadie advirtiese la poca adherencia que mis pies tenían con el piso en aquel momento.
      Me senté en la silla que usaba el gordo Terrada, que había dicho que estaba de viaje por trabajo, pero en realidad todos sabíamos que estaba pasando unos días con su amante en una quinta de las afueras. Observé con tristeza que mi silla estaba ocupada por el turro de Cortines, quién seguramente, de no haber sido por mi ausencia de cinco días, jamás se hubiera animado a sentarse a menos de tres metros de mí. Pero así estaban las cosas. A nadie le importaba ya nada.
      No bien me senté ubiqué a Roberto, sentado frente a mí, aunque un poco en diagonal. Roberto no pareció advertir mi llegada, pero minutos después, luego de observarlo persistentemente, cruzó una mirada breve, pero certera, que lo hizo percibir mi presencia.
      Las charlas, que unas semanas antes me hubieran parecido de una magnificencia única, me aburrieron sobremanera. Reconozco que mi única intención aquella tarde era hablar a solas con Roberto, pero los comentarios sobre el gol de rabona de Cucharita Cutriani, o sobre las tetas de la viuda Echenique, pasaron sobre mi interés como moscas en una tarde de verano.
      Roberto se reía, y contaba no sé qué historia de la viuda en la que ellos habían quedado encerrados, por un desperfecto en el ascensor del municipio, más de tres horas. Miles de cosas se contaban sobre aquel acontecimiento. Roberto sonreía socarronamente, pero nunca alcanzó a pronunciar ni media palabra sobre lo que realmente había ocurrido. Aunque a mí, ya nada me importaba. Necesitaba imperiosamente hablar con él y pedirle su opinión sobre cosas que me estaban acuciando.
      Luego de dos o tres interminables ruedas de fernet, en las que cruzamos con el turro de Cortines unas miradas llenas de veneno y “ya vas a ver cuando te agarre”, la conversación se fue desvaneciendo. Aquel gol comenzó a parecer casi consecuencia de una casualidad irritante, y las tetas de la viuda comenzaron a reducirse a una velocidad coloquial. El primero en saludar e irse fue el pelado Gamarra, cuya esposa lo tenía cagando, y era casi un milagro de la vida que tuviera asistencia perfecta en el bar. La ida del pelado era casi como una bandera de largada. Se iba él y ya el permiso para la retirada estaba otorgado. Sin embargo, Roberto tardaba en pararse y saludar. Le crucé un par de miradas, que él identificó pero trato de ignorar. Doña Herminia pasó, saludó y nos hizo alguna referencia sobre el calor y la tormenta que había anunciado el servicio meteorológico. Cortines le comentó no sé que boludez de un frente frío que avanzaba por el sur y, por suerte, él también, aprovechó para irse.
      Finalmente acepté la cuarta rueda de fernet. Ya éramos pocos. Casi el núcleo fundador de la barra del bar. La charla se disparó para el lado de la política, pero como nos conocíamos hacía años, nadie mordió ningún anzuelo y nada más allá de “políticos corruptos” o “que dejen de robar”, nada hizo que la amenidad se quebrara. Roberto, en un movimiento casi abrupto, que yo percibí como tratando de pasar inadvertido, aprovechó para pararse y se despidió en forma general.
      Casi no lo pensé, me levanté de la silla del gordo Terrada y lo alcancé ya cuando atravesaba la puerta que da a la avenida. Lo tomé del antebrazo y le dije que necesitaba hablar con él, y que era con cierta urgencia. Se detuvo casi como presintiendo mi necesidad, me miró a los ojos, y con un gesto de saber que esto iba a suceder, me dijo “vamos a la mesa del fondo”.
      Nos sentamos en aquella mesa, que estaba reservada casi con exclusividad a parejitas de enamorados, o para conversaciones cuya importancia requerían de una distancia cómplice. Roberto invitó una rueda de ginebra, pero yo preferí continuar con el fernet. Al principio conversamos sobre el rumor atemorizador que invadía al bar: la posibilidad de que a Doña Herminia no le renovaran el contrato de alquiler. Nos hablamos con cierto optimismo infundado, que “después de tantos años es imposible” o de que “éste es un patrimonio de la historia de barrio” pero, en realidad, los dos temíamos que no fueran más que palabras que mostrasen sólo nuestros más profundos deseos.
      Cuando llegaron las bebidas, y luego de que el mozo se retirase, en medio del primer sorbo Roberto me preguntó:
      –¿Y?
      –Mirá Roberto –le dije tratando de no mirarlo a los ojos–, te vengo a hablar sobre Neila.
      –¿Quién?
      –Neila, no te hagás el boludo –le gruñí sin dejarlo responder–, yo sé bien que la conocés.
      –¿Qué? –me respondió con una cara de total desconocimiento, la que yo conocía, y agradecí su postura de caballero. Pero no dejó de asombrarme por el gesto de desconcierto que mostró al entrecerrar los ojos y hacer una mueca de incomodidad.
      –¿Neila? –pronunció mientras adelantaba sus brazos por encima de la mesa juntando los cinco dedos de cada mano.
      –Sí, Neila –le dije con una voz que había ascendido un par de décimas–. Ella siempre te menciona.
      –No conozco ninguna Neila –me repitió con ojos de no entender nada.
      –Te agradezco la caballerosidad –le dije–, pero no quería hablar con vos para recriminarte nada, sino para pedirte un consejo... un consejo de amigo.
      Roberto me miró intrigado, con sus ojos que parecían decir “no entiendo nada”, pero al cabo de unos segundos me habló con voz clara y me dijo:
      –OK, ¿en qué te puedo ayudar?
      Pensé bien cómo iba a decírselo. En el modo y la entonación que usase para pronunciar la siguiente frase estaba la posibilidad de que Roberto, siempre tan exitoso con las mujeres, me ayudara.
      –Vos sabés que Neila vuela –le dije sin más preámbulos.
      Roberto entrecerró los ojos y me miró pidiendo alguna explicación, con las palmas de sus manos queriendo sostener algo que no se veía.
      –Lo sabés tanto como yo –le repetí sin lograr que su gesto cambie–. Ella siempre me habla de vos.
      –¿Neila? ¿La piba de San Telmo?
      –Vos lo sabés bien –le insistí–, y te agradezco que adoptes esta postura. Habla bien de vos.
      Roberto no dijo nada, levantó el vaso y tomó casi sin pausa un prolongado trago de ginebra.
      –En realidad, te quería hacer una consulta –le hablé adoptando un tono confesional.
      Por momentos, el ruido proveniente del bar, y en especial de un par de sirenas que se oyeron desde la avenida, interrumpieron nuestra conversación, lo que no pareció afectar la sorpresa que Roberto seguía exhibiendo en su rostro.
      Su silencio me animó a continuar.
      –Pasa que Neila cumple años el 26 –le dije mientras su celular, apoyado sobre la mesa comenzaba a sonar.
      –¡No contestes! –Le pedí, casi en tono de súplica.
      –Es mi jermu –me explicó con voz confusa.
      –No contestes que te sigo explicando –le dije algo agitado.
      –¿Estás bien?
      –Estoy perfecto, y te decía que Neila cumple años. Y no sé que regalarle –terminé de decir esto justo en el momento en que el celular dejaba de emitir aquellos patéticos acordes de "Para Elisa".
      Roberto continuó sin comprender, pero el gesto de su rostro pareció recobrar un poco de tranquilidad.
      –Ah... ¿era eso? –me dijo como quién se refiere a una breve desilusión.
      –Sí –dije con seriedad–, y no es sencillo hacer un regalo a una mujer que vuela –agregué con esperanzas de obtener algún consejo.
      Tomé un sorbo cortito del fernet ya tibio, y en silencio esperé su respuesta.
      –¿Y porqué creerías que yo te puedo ayudar? –me preguntó con un tono que adoptaba una postura de superioridad.
      –Porque vos sos el único que sabe, y además nunca se lo contaste a nadie. Confío en vos.
      –Tito –me dijo mirándome fijamente a los ojos–, la gente no vuela, no vuela –hizo una pausa en la que aprovechó para mirar al cielorraso del bar en busca de las palabras que parecía necesitar y no encontraba.
      –Sé que anduvo de vacaciones por el Caribe. Y... ¡sí!, seguramente habrá tomado un avión.
      La mención de aquel viaje, me angustió. Ella se había ido con su novio de entonces y el solo recuerdo de lo yo sentí como un abandono colosal, me golpeó el corazón nuevamente.
      –¡Vos sabés que ella vuela! –pronuncié casi perdiendo el control–. Los otros días le vi una pequeña pluma blanca asomar del bretel de su corpiño –le dije en voz tan baja como pude–, que surgía desde el escote de su remera –aclaré acercándome hacia él, con mi mano derecha haciendo pantalla sobre mi boca, como para que lo dicho no fuese escuchado en las cercanías.
      –Tito –volvió a repetir mi apodo, esta vez con cierta lástima–. Mandale unas flores y sacate a esa mina de la cabeza, sabés que nunca te va a dar bola –me dijo mientras se paraba e intentaba darme un abrazo en forma de consuelo.
      –¡Boludo! ¡No entendés nada! –le grité–, ¡sabés bien que esa mina vuela! –grité aún con más fuerzas, logrando que las miradas de la gente de las otras mesas se volteen hacia nosotros.
      Roberto, parado con las palmas de las manos abiertas junto a su cadera y con un gesto desencajado, intentaba mostrarme su impotencia para darme alguna ayuda. Lo vi darse vuelta y caminar con algo de desamparo hacia la salida de la avenida. Vi como atravesaba la puerta y desaparecer en el instante que doblaba hacia la izquierda. Luego el semáforo volvió a dar verde y la avenida retomó su agitado tráfico de colectivos y humo.
      Habré estado parado al lado de la silla un par de minutos, quizás algunos más. Mi única esperanza de ayuda se alejaba por la avenida y yo sin otra reacción que mirar al suelo y sentir la densidad del aire.
      Resignado, me subí arriba de la mesa. Flexioné levemente las piernas y apunté hacia la puerta del Pasaje Las Begonias. Pegué un saltito y salí volando.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

[p]There are a lot of websites where you can shop for wholesale shoes . The minute Many of us find Ugg inside a issue which alongside [url=http://www.uggsoldescanada.com]ugg soldes femme[/url] a match up I'm arranged pertaining to life-long!In the meantime,put on them for walks along if you are successful Related Articles - Classic, Cardy, Ugg, boots, Email this Article to a Friend! Receive Articles like this one direct to your email box!Subscribe for free today! . 5 [url=http://www.uggssbottespascher.com]ugg bottes pas cher[/url] 13 . Once you find a pair [url=http://www.cheapuggsbootsukonline.co.uk]cheap ugg boots uk online[/url] you desire, move quickly otherwise other people will swoop in that fine suede boots . A n d t h i s k i n d o f b o o t s h a v e s e r i o u s l y s u p e r i o r q u a l i t i e s a s [url=http://www.uggssbootscanada.info]ugg boots canada[/url] w e l l , t h e y ' r e m a d e o u t o f t h e t w i n f a c i a l a r e a s h e e p s k i n w h i c h h a v e a l i g h t a n d f l e x i b l e . If you'd like to help shield your lovely legs inside ice cold winter period, you should purchase a couple of bailey [url=http://www.authenticuggaustraliaboots.co.uk]ugg australia boots[/url] button uggs internet marketing dressed in without delay but . UGG Classic Tall Boots 5802 Romantic Flower has their label on the back of their boots, with a printing style that slightly overlaps, and at least two registered trademark symbols on their soles . Y o u p o s s i b l y c a n w e a r [url=http://www.uggssbottespascher.info]ugg pas cher du tout[/url] t h i s e x t e n d e d m a x o r f l a t t e n e d ( c u f f e d d o w n ) , b a s e d o n y o u r c u r r e n t g o w n o r p a n t d u r a t i o n , o r y o u r c u r r e n t d i s p o s i t i o n.[/p]

Anónimo dijo...

[p]An elastic snap cuff in addition to a zip closure that could be used on either ways accompanied by a 100% polyester shell together with down filling ensure some sort of cozy and warm encounter . inexpensive MBT Sports activities Footwear, the actual underside upon the actual special program, producing the actual individual gets to the actual naturally safe state, however in the tranquility along with motion, that's simply by improving muscle tissues effort, turn out to be removed . Moncler well-known guys and females with a broad variety of grounds have founded the involvement in buying one of the most latest product or provider on this product of which obtains the earth linked with Moncler Jackets vogue . The difference comes in the fashion of the jacket and the materials used to make the jacket . Aid a consent by using brushed aside muscle tissue; supercharge fine form as well as going; adapting and style and design entire body; Low-priced MBT which will can assist boost the backside, buttocks, thighs and leg in addition as thighs and leg; enable bones, muscles, tendon in addition as tendons swelling compulsion [url=http://www.monclercoatsstore.co.uk]moncler coats uk[/url] recovery; more affordable lower-leg when well when bone fragments as well as embraced tension . The new fashion transactions points to make sure you formal not to mention informal dress yourself in among males . " "Over ah" Yang Ming cheated her way . Moncler is usually a antique company logo, as well as obtain favored popularity for any people connected with outside [url=http://www.monclersale4u.co.uk]moncler jackets sale[/url] sports activities.[/p][p]Right now situated [url=http://www.monclersale4u.co.uk//moncler-vests-women-c-14.html]moncler vests women[/url] in Milan and assistance due to the Carlyle Assortment, moncler provides worked with all the loves associated with Balenciaga, Yohji Yamamoto and Fendi . The 26-year-old businessman Andre Vincent in the management of a printing plant before the war . This is a major move given that detail that Moncler saves money to the buying of a store, the staff in demand, the operational charges together with utilities cost etc do not come into the picture . This can be observed in the merchandise, irregardless of the Moncler down jacket or [url=http://www.monclerssuk.co.uk]moncler sale uk[/url] vest . Moncler product sales design of companies [url=http://www.monclercoatsstore.co.uk]moncler coats[/url] has grown for getting kinds progress . Snow jacket can also, happiness and joy of snow period of your time Moncler Outlet improve your [url=http://www.monclerssuk.co.uk]moncler kids uk[/url] family . Moncler Brit is chic leisure style,the vital utilizes are coats . This implies an individual can wander regarding more time durations and have [url=http://www.monclersale4u.co.uk//moncler-jackets-kids-c-6.html]Moncler Jackets Kids[/url] a smaller amount with the restoration period of time concerning workout routines.[/p]


David dijo...

Me encantan las diferentes historias de café porque creo que en esos lugares pasan muchos sucesos interesantes. En general trato de conseguir buena oferta hotelera en Buenos Aires para no gastar mucho dinero en hospedaje y poder disfrutar de salir a distintos bares y restaurantes